Estoy aprendiendo a pedir ayuda
Hay una frase que he dicho miles de veces en mi vida, con todas sus variantes: «no, tranquilo, ya lo hago yo». La he dicho con las manos llenas, con l…
Hay una frase que he dicho miles de veces en mi vida, con todas sus variantes: «no, tranquilo, ya lo hago yo». La he dicho con las manos llenas, con l…
Hace muchos años yo meditaba. Mucho y en serio. Y un día lo dejé, sin decisión ni motivo, como se dejan tantas cosas buenas: no las abandonas, simplem…
Este verano hice una mudanza que no necesitó cajas. Mis tres blogs, este incluido, vivían de alquiler en el servicio oficial de la plataforma que los…
Cuando conté mi diagnóstico escribí una frase que, por lo que me llega, no pasó desapercibida: que iba a centrarme en lo importante de verdad, y que p…
Anuncié hace poco, en una entrada que era casi una declaración, que iba a delegar mucho. Lo escribí con toda la convicción del mundo. Lo que no conté…
Escribí hace unas semanas sobre las cosas que tardan: que damos por fracasado a los quince días lo que necesitaba dos años, que hay procesos que no se…
Escribí hace tiempo en este diario que no creo en la fuerza de voluntad y sí en los sistemas. Que la voluntad es un recurso que se agota a las cinco d…
El pasado mes de Julio estuve varias semanas queriendo un teléfono que no necesitaba. Un plegable de Samsung, de los que se abren como un libro y cue…
Escribo esta entrada desde una habitación de hospital, con la vía puesta y el portátil en las rodillas. Es mi sexta noche aquí, camino ya de la séptim…
Los cargos se ocupan por otros y los proyectos se rehacen. Lo que dura es más pequeño: cómo tratabas a la gente cuando no había nada que ganar.
Saber hacer algo y saber explicarlo son dos cosas distintas. Cuando explicas, descubres que lo que tenías no era conocimiento: era costumbre.
Vista de fuera, la sobremesa es una ineficiencia perfecta. Y sin embargo, casi todo lo que recuerdo de la gente que quiero pasó en una.