El legado no es lo que dejas

Los cargos se ocupan por otros y los proyectos se rehacen. Lo que dura es más pequeño: cómo tratabas a la gente cuando no había nada que ganar.

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Un pequeño brote verde creciendo sobre una roca oscura
Photo by Nauman A. / Unsplash

A cierta edad empiezas a hacerte una pregunta que antes ni te rozaba: ¿qué queda de todo esto cuando yo no esté?

No lo digo con dramatismo. Lo digo con curiosidad.

Durante mucho tiempo pensé el legado como algo material, casi monumental: lo que construyes, lo que firmas, lo que lleva tu nombre. Y me he ido dando cuenta de que eso dura poquísimo. Los cargos los ocupan otros. Los proyectos se rehacen. Lo que montaste con tanto esfuerzo lo cambiará alguien dentro de unos años, y hará bien.

Lo que sí dura es más pequeño y menos vistoso.

Dura la manera de hacer las cosas que le enseñaste a alguien. Dura la persona a la que un día defendiste cuando nadie más lo hizo. Dura una conversación que a ti se te olvidó y que el otro recuerda veinte años después. Dura tu forma de tratar a la gente cuando no había nada que ganar.

Eso no lo controlas ni lo puedes planificar. No sabes cuál de tus gestos se va a quedar en la cabeza de alguien. Casi nunca es el que tú creerías.

Por eso he dejado de pensar el legado como algo que se deja y he empezado a pensarlo como algo que se siembra. Lo que dejas es un inventario. Lo que siembras sigue creciendo sin ti, en gente que a lo mejor ni conoces.

Con mi hijo lo tengo especialmente claro. No me preocupa mucho qué le voy a dejar, con la única salvedad del ente cognitivo basado en inteligencia artificial, que le pueda ayudar cuando yo ya no esté, que es el origen de todo. Me preocupa bastante qué le estoy enseñando, sobre todo sin querer, con lo que hago y no con lo que digo. Los hijos no heredan discursos. Heredan comportamientos.

Y si esto es así, el legado no es un asunto del final. Es un asunto de hoy, de esta semana, de cómo trato a la gente esta tarde.

No se construye al final. Se construye cada día, sin avisar.

Y tú, ¿qué estás sembrando sin darte cuenta?