El día que dejé de tener razón

Ganar una discusión y resolver un problema no siempre es lo mismo. A veces son cosas opuestas. Ya no quiero tener razón, quiero que la cosa salga bien.

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Hay una sensación muy adictiva: tener razón.

La conoces. Esa mezcla de calorcito y superioridad cuando los datos te dan la razón a ti y al otro no. Yo la he disfrutado mucho. Demasiado.

Durante años entré en las discusiones a ganar. Preparaba argumentos, anticipaba objeciones, buscaba el dato que cerraba la boca. Y muchas veces ganaba. El problema es que ganar una discusión y resolver un problema no siempre es lo mismo. A veces son cosas opuestas.

Me di cuenta saliendo de una reunión con la satisfacción de haber tenido razón y la sospecha incómoda de que no había servido de nada. Tenía razón y el asunto seguía exactamente igual de atascado. Había ganado la conversación y perdido a la persona.

Porque cuando alguien se siente derrotado no cambia de opinión: se atrinchera. Puedes tener toda la razón del mundo y conseguir justo lo contrario de lo que buscabas.

Desde entonces intento entrar en las conversaciones difíciles con otra pregunta. Ya no «¿cómo demuestro que tengo razón?», sino «¿qué necesito entender para que esto avance?». Suena blando. No lo es. Es bastante más difícil, porque te obliga a escuchar de verdad a alguien que piensa distinto, sin ir contando por dentro los fallos de su argumento mientras habla.

Y tiene una consecuencia rara, casi molesta: cuando escuchas así, a veces descubres que el otro tenía parte de razón. O toda.

Aquí es donde entra el ego. El tamaño de tu drama es proporcional al tamaño de tu ego, y el tamaño de tu necesidad de tener razón, también. Cuanto más seguro estás de ti, menos falta te hace ganar cada asalto.

No he dejado de defender lo que creo. Sigo siendo bastante cabezota. Pero he cambiado el objetivo: ya no quiero tener razón, quiero que la cosa salga bien. Y resulta que se puede tener lo segundo renunciando a lo primero.

Es más barato de lo que parece. Solo cuesta ego.

Y tú, ¿cuándo fue la última vez que preferiste tener razón antes que arreglar algo?