No le preguntes qué quiere estudiar. Pregúntale qué problema quiere resolver
Ayer comimos toda la familia completa. Mis sobrinas, mi hijo. Y salió un tema que ya hace tiempo asoma por el horizonte: "¿Y tú qué vas a estudiar?" La pregunta que atormenta a la mayoría de padres y chavales de la edad de mi hijo y unos pocos años más, sobre todo cuando no han sido bendecidos con una vocación marcada.
Más tarde, en soledad, le volví a dar vueltas, porque a mí también me preocupa, y porque creo que probablemente lo planteamos desde la pregunta equivocada.
La pregunta equivocada
"¿Qué quieres estudiar?" asume un mundo que ya no existe. Un mundo donde elegías una carrera, te formabas durante cinco años, y eso definía tu vida profesional durante las siguientes cuatro décadas. Farmacia, derecho, ingeniería, medicina. Elegías un cajón y te metías dentro.
Yo elegí farmacia. Sin saber realmente lo que estaba haciendo. Tenía 17 años, me gustaban más las ciencias que las letras, y alguien me dijo que si no entraba en medicina era una buena alternativa. No puedo decir que fuera una mala decisión, porque me ha dado una vida profesional digna, y un puesto que me enorgullece. Pero si soy honesto, ahora sé que mi cabeza funciona de otra manera. Que lo que de verdad me enciende es la tecnología, los sistemas, construir cosas. Resolver problemas con herramientas que no existían cuando yo elegí.
Y sinceramente, no creo que sea un caso raro ni una excepción. Si preguntáramos a la mayoría de adultos que conozco de más de 45 años, la mayoría, como mínimo, dudarían.
Lo que ha cambiado (y no hemos asumido)
La inteligencia artificial no es una moda. Es un cambio de paradigma comparable a internet, y probablemente mayor. Y que va a transformar el mercado laboral de una forma que no sé si somos capaces de imaginar.
No hablo del futuro lejano. Hablo del ahora.
Un abogado junior que revisa contratos compite con un modelo que los revisa en segundos. Un radiólogo que lee placas compite con algoritmos que detectan patrones que el ojo humano no ve. Un programador junior que escribe código básico compite con asistentes que generan código funcional en tiempo real.
No digo que estas profesiones vayan a desaparecer. Pero el suelo de entrada ha cambiado. Lo que antes era "trabajo de principiante" ahora lo hace una máquina. Y esto tiene implicaciones enormes para un adolescente que está eligiendo su camino.
La pregunta correcta
En vez de "¿qué quieres estudiar?", deberíamos preguntar:
¿Qué problema te gustaría resolver?
Porque los problemas no desaparecen con la IA. Al contrario, se multiplican. El cambio climático no lo resuelve un modelo de lenguaje. La soledad de los mayores no la arregla un chatbot. La alimentación sostenible para 10.000 millones de personas necesita gente que piense, no solo máquinas que calculen.
Lo que la IA cambia es el cómo. Las herramientas. Los medios. Pero el qué, es decir, los problemas que merecen ser resueltos, sigue necesitando personas con visión, criterio, conocimiento y pasión.
Lo que le diría a un adolescente
Como escribo mejor que hablo, prefiero escribir lo que diría si tuviera que sentarme con Nacho, con mis sobrinas, o con cualquier adolescente que estuviera delante, dudando:
1. No elijas una carrera. Elige un mundo.
¿Te importa la salud? ¿La justicia? ¿La educación? ¿La creatividad? ¿El medio ambiente? Elige el mundo donde quieres estar. La formación es el vehículo, no el destino.
2. Aprende a pensar, no a memorizar.
La IA ya memoriza mejor que tú. Lo que aún no sabe hacer bien es conectar ideas inesperadas, hacer preguntas que nadie ha hecho, ver lo que falta en vez de lo que hay. Eso es pensar. Y eso es lo que va a tener valor.
3. Aprende a trabajar con IA, no contra ella.
No importa si estudias medicina, arquitectura o filosofía. Si no sabes usar las herramientas de IA, serás como un profesional de los 90 que no sabía usar un ordenador. Funcional, pero limitado. Y eso en el mejor de los casos, porque probablemente será mucho peor.
4. Cultiva lo que la máquina no tiene: criterio, empatía y visión.
La IA genera textos brillantes, pero no sabe por qué importan. Diagnostica enfermedades, pero no acompaña al paciente. Optimiza procesos, pero no decide si el proceso merece existir. Ahí estás tú.
5. Acepta que vas a cambiar de rumbo. Y que eso está bien.
La era de "una carrera para toda la vida" se acabó. Vas a aprender, desaprender y reaprender varias veces. No es un fallo. Es el diseño del futuro.
Mi caso personal
Yo me formé como farmacéutico de hospital. Llevo décadas en ello. Y lo hago más o menos bien (según a quien preguntes), y no me ha ido mal. Pero donde realmente brillo es cuando construyo sistemas, cuando automatizo procesos, cuando pienso en cómo la tecnología puede mejorar lo que hago.
Si con 17 años alguien me hubiera preguntado "¿qué te encanta hacer un sábado por la noche?" y la respuesta hubiera sido "trastear con ordenadores hasta las 3 de la madrugada", seguro que me habría orientado de otra forma. Ni peor, ni mejor, simplemente diferente. Más alineada con lo que realmente soy.
Esto no significa que mi carrera haya sido un error. Significa que la pregunta que me hicieron no era la correcta. Y que, en aquel entonces, aún no había tenido mi primer ordenador. Y que no hice caso a mi madre cuando me decía que desde bebé siempre destripaba todos los juguetes para ver qué tenían y cómo funcionaban.
Lo que de verdad importa
Al final, lo que le deseo a Nacho, a mis sobrinas, a cualquier chaval que esté ahí decidiendo, no es que acierte a la primera. Es que se conozca lo suficiente como para saber hacia dónde tirar. Que no elija por inercia, por presión familiar o por ranking de salarios.
Que elija con los ojos abiertos, sabiendo que el mundo al que se incorporan no se parece al que conocimos nosotros. Que sepa que la inteligencia artificial va a ser su compañera de trabajo toda la vida, no su enemiga. Y que lo más valioso que puede aportar es precisamente lo que ninguna máquina puede hacer: ser humano, con todo lo que eso implica.
Porque al final, la mejor carrera no es la que más paga. Es la que te deja dormir tranquilo sabiendo que haces algo que importa. La que consigue que cuando te levantes todos los días no vayas a trabajar, sino a disfrutar.
Y eso no te lo enseña ningún algoritmo.