El privilegio de equivocarse

Javier Garcia Pellicer
1 min read
El privilegio de equivocarse

Me he equivocado tantas veces que he perdido la cuenta. Decisiones que parecían brillantes y resultaron ser desastrosas. Proyectos en los que invertí tiempo y energía que no llevaron a ningún sitio. Conversaciones que manejé mal y dejaron heridas. Oportunidades que dejé pasar por miedo o por orgullo.

Y aquí sigo.

Eso es lo que nadie te cuenta sobre los errores: no te matan. Duelen, sí. A veces mucho. Pero no te matan. Y cada uno de ellos te enseña algo que no podrías haber aprendido de ninguna otra forma.

Hay un concepto japonés, kintsugi, que consiste en reparar cerámica rota con oro. Las grietas no se disimulan, se destacan. El objeto reparado es más valioso que el original, precisamente porque cuenta una historia de rotura y reconstrucción.

Así me gusta pensar en mis errores. Son las grietas doradas de mi historia. Las cicatrices que demuestran que he vivido, que he arriesgado, que he intentado cosas sin garantía de éxito.

El único que no se equivoca es el que no hace nada.

He conocido personas paralizadas por el miedo al error. Que no empiezan proyectos porque podrían fracasar. Que no dicen lo que piensan porque podrían equivocarse. Que no viven de verdad porque vivir implica riesgo.

Esa no es forma de existir.

Prefiero mil veces una vida llena de errores que una vida vacía de intentos. Prefiero caerme cien veces que no haber caminado nunca. Prefiero el dolor del fracaso que el vacío de no haberlo intentado.

Y hay algo más: los errores te hacen humano. Te conectan con los demás. Cuando admites que te has equivocado, creas un espacio donde otros pueden hacer lo mismo. La vulnerabilidad genera confianza, y la confianza genera relaciones reales.

Mis mejores conversaciones han empezado con "me equivoqué". Mis aprendizajes más profundos han venido de fracasos. Mis conexiones más genuinas se han forjado mostrando las grietas.

El error no es el enemigo. El enemigo es no aprender de él.

¿Qué error estás evitando que podría enseñarte algo valioso?


Javier, con sus grietas doradas.