El verdadero lujo

Javier Garcia Pellicer
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El verdadero lujo

Llevo unos días de vacaciones. Y como suele pasar cuando sales de la rutina, te das cuenta de cosas que en realidad ya sabías, pero que olvidas en el fragor del día a día.

El auténtico lujo no es lo que nos venden. No es el coche, ni el reloj, ni la casa más grande. El auténtico lujo, para mí, son dos cosas: poder decidir en cada momento qué hacer con mi tiempo, y el espacio.

Tiempo para decidir qué quiero hacer en cada momento. Tiempo para estar con quien quiero estar. Tiempo para no hacer nada si me apetece. Sin prisas. Sin la sensación constante de que debería estar haciendo otra cosa.

Estos días he podido desayunar sin mirar el reloj. He podido pasear sin destino (más o menos, porque la familia aprieta), y hasta hubiera podido leer sin que nadie me interrumpiera. Pequeñas cosas que en la vida normal son casi imposibles.

Y luego está el otro lujo del que nadie habla: el espacio físico.

No el espacio "mental" ni esas cosas abstractas. Me refiero a metros cuadrados. A tener una cocina de 25 metros cuadrados en vez de 5. A poder moverte sin chocar con todo. A que las cosas tengan su sitio porque hay sitio.

Se habla mucho del minimalismo y de vivir con poco, pero no estoy de acuerdo; tener espacio es un privilegio enorme. Poder cocinar sin que te estorbe la nevera. Poder sentarte en el salón y que haya distancia entre el sofá y la tele. Poder tener un despacho que sea un despacho, no una esquina del dormitorio.

Cuando vives apretado, el agobio se mete en todo. Cuando tienes espacio, respiras diferente.

Lo curioso es que el tiempo y el espacio están relacionados. Si no tienes tiempo, el espacio no se disfruta. Si no tienes espacio, el tiempo se te echa encima, como las paredes.

Hoy ya vuelvo a casa, y con ella, a la rutina. Aunque algo ronda por mi cabeza, y es que el lujo que busco se compra con decisiones, complicadas, es verdad, y no sencillas ni inmediatas, pero decisiones a fin de cuentas. Porque he decidido proteger mi espacio, y mis momentos de tiempo, como si fueran oro.

Porque lo son.