El miedo a que todo vaya bien

Javier Garcia Pellicer
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El miedo a que todo vaya bien

Hay una tensión extraña que aparece cuando las cosas van bien. Una especie de vigilancia permanente, como si la calma fuera solo el preludio de algo malo.

Lo he notado en mí mismo. Cuando el trabajo fluye, la familia está contenta y tranquila y no hay ningún fuego que apagar... empiezo a buscar el fuego. Reviso mentalmente qué puede salir mal. Escaneo el horizonte en busca de la tormenta que seguramente viene.

Es absurdo, lo sé. Tenemos una capacidad infinita para preocuparnos por problemas que no existen, mientras ignoramos los que sí. Pero hay algo profundamente arraigado en nosotros que desconfía de la paz.

Quizá sea evolutivo. Nuestros ancestros que bajaban la guardia terminaban siendo almuerzo de algo con colmillos. Los paranoicos sobrevivían. Y aquí estamos, milenios después, con cerebros diseñados para la sabana africana, intentando vivir vidas normales en el siglo XXI.

O quizá sea más simple. Quizá es que no nos enseñaron a estar bien. Nos entrenaron para resolver, solucionar, arreglar. Cuando no hay nada que arreglar, no sabemos qué hacer con nosotros mismos. El vacío del problema ausente se siente como otro problema.

Lo más irónico es que este miedo a que todo vaya bien puede sabotear precisamente eso. Buscas el conflicto hasta que lo encuentras. Creas tensiones donde no las había. Te anticipas tanto al desastre que lo provocas.

He estado practicando algo diferente. Cuando noto esa tensión, la nombro. "Ah, esto es el miedo a que todo vaya bien." Y luego intento hacer algo radical: no hacer nada. Dejar que la calma sea calma, sin buscarle fisuras.

No siempre funciona. El vigilante interno es persistente. Pero poco a poco voy aprendiendo que la tranquilidad no es la pausa entre crisis. A veces es simplemente... la vida. Y está permitido disfrutarla sin esperar el golpe.

La tormenta vendrá cuando tenga que venir. Hasta entonces, no tiene sentido invocarla.