IA

Una semana con Claude Cowork. Lo que la IA puede hacer cuando le dejas.

Javier Garcia Pellicer
3 min read
Una semana con Claude Cowork. Lo que la IA puede hacer cuando le dejas.

Hace exactamente una semana escribí sobre Claude Cowork con la emoción de quien acaba de descubrir algo prometedor. Hoy, siete días después, vuelvo a escribir sobre él. Pero esta vez no con promesas, sino con hechos. Con casos reales. Con el asombro de quien ha visto cómo una herramienta transforma su forma de trabajar en apenas unos días.

Y necesito contártelo.

Porque una cosa es decir que la IA puede ayudarte, y otra muy distinta es vivirlo. Y esta semana lo he vivido de una forma que no esperaba.

Empecemos por el principio. El primer día, el 13 de enero, le pedí algo que llevaba meses posponiendo: eliminar un fragmento de código repetido en las notas de mi diario personal. Hablamos de más de mil notas. Mil. Algo que me habría llevado días hacerlo manualmente, Claude Cowork lo ejecutó en segundos. Literalmente. Y perfecto. Sin errores. Mientras yo miraba la pantalla con una mezcla de incredulidad y ese cosquilleo que sientes cuando algo te cambia la perspectiva.

Ese mismo día le pedí que me ayudara a priorizar los correos de mi bandeja de entrada en Outlook. Le costó un rato, pero lo hizo. Asignó etiquetas de prioridad a cada mensaje, analizando contenido y remitente. Algo que normalmente delego en mi intuición (y mi pereza), ahora lo tenía estructurado.

Al día siguiente, el 14, le lancé otro reto: revisar todas mis notas de lugares, homogeneizarlas, rellenar las vacías con contenido relevante, incorporar coordenadas y, de paso, crear un mapa interactivo con todos ellos. Y lo hizo. Mi cerebro digital ahora tiene un Mapa de Lugares funcional, con todas las notas actualizadas y enlazadas. Lo que habría sido un proyecto de semanas se convirtió en una tarde de supervisión.

El 15 fue el día del gestor documental. Llevaba tiempo queriendo tener un sistema para procesar PDFs y convertirlos en notas con metadatos estructurados. Tras varios intentos y ajustes de código, Claude Cowork me entregó un gestor documental completamente operativo. Funcionando. Listo para usar. Y lo mejor: la forma más eficiente de cargar documentos es a través del propio Claude.

Ese mismo día le pedí que revisara todas mis notas de software, las homogeneizara y las rellenara con información relevante. Y mientras él trabajaba, yo seguía con otras tareas. Porque eso es lo que hace Cowork: trabaja contigo, en paralelo, sin necesitar tu atención constante.

Y aquí es donde quiero detenerme un momento.

Hay algo que he descubierto esta semana y que me parece profundamente importante: Claude Cowork no me hace más vago. Me hace más ambicioso.

Antes, muchas de estas tareas las descartaba mentalmente porque el coste de hacerlas superaba el beneficio percibido. "Ya lo haré algún día". "No merece la pena el esfuerzo". Ahora, ese cálculo ha cambiado. Ahora puedo pensar en grande porque sé que tengo a alguien que puede ejecutar conmigo.

Y eso es transformador.

El domingo, hace apenas unas horas, le pedí algo que llevaba años evitando: reorganizar mi carpeta de Dropbox. Un caos absoluto de archivos acumulados durante más de una década. Revisamos propuestas, ajustamos estructura, y finalmente me lancé a la piscina. Claude ejecutó toda la reestructuración mientras yo me tomaba un café. Cuando volví, todo estaba en su sitio. Ordenado. Lógico. Años de desorden convertidos en estructura en menos de una hora.

También me preparó el resumen operativo para una reunión importante. Y generó el resumen semanal de mi diario, mejorando secciones, incorporando datos globales, revisando proyectos asociados. Cada iteración, mejor que la anterior.

Pero quiero ser honesto contigo. No todo es perfecto.

Hay momentos de fricción. A veces no entiende exactamente lo que quiero a la primera. Otras veces necesita correcciones o ajustes. Y hay que supervisar, revisar, guiar. Pero eso es precisamente lo que diferencia a Claude Cowork de una automatización ciega: es una colaboración real. Tú pones el criterio, él pone la ejecución. Y juntos llegamos más lejos de lo que cualquiera de los dos llegaría solo.

Como dije la semana pasada citando a Senén Barro: innovar con IA, no delegar en ella. Y esta semana he vivido exactamente eso. No he delegado mi trabajo. He amplificado mi capacidad de hacerlo.

¿Que aún estamos en el principio? Sin duda. ¿Que esto va a evolucionar de formas que ni imagino? Seguro. Pero lo que ya tengo entre manos, lo que he experimentado estos siete días, es suficiente para saber que no hay vuelta atrás.

El futuro del trabajo del conocimiento no es la IA haciendo cosas por ti. Es la IA haciendo cosas contigo.

Y eso, créeme, cambia todo.