El círculo dorado

Javier Garcia Pellicer
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El círculo dorado

En este segundo día de 2026, donde, dadas las fechas, la planificación del año junto con la definición de objetivos y metas está al orden del día, y donde además, aún todo es convicción plena de que este año sí las conseguiremos, creo que es un excelente momento para escribir sobre el círculo dorado.

Y no, no te voy a contar nada del «Señor de los anillos» ni de «Sonic» y sus anillos dorados, aunque me encantaría tenerlos. Voy a hacerlo sobre otra cosa, algo mucho más sencillo de aplicar.

Es un concepto poderoso en el ámbito de la comunicación, pero aplicable, a mi entender, en muchos otros ámbitos (recuerda mi creencia en el isomorfismo de sistemas), y que, por extendido y conocido que sea, se obvia y se deja de aplicar de forma sistemática.

Se trata del «Círculo de Oro» de Simon Sinek, el cual propone un orden muy concreto que deben seguir las ideas, las acciones y los procesos para alcanzar mejor sus objetivos. En realidad, se trata de un modelo mental para la planificación estratégica que se enfoca en tres preguntas, a responder en un orden concreto: porqué, cómo y qué.

En lugar de empezar con el «Qué», que es el producto o el servicio que se está ofreciendo, Sinek sugiere que iniciemos en primer lugar con el «Porqué», que es la razón por la cual estamos ofreciendo ese producto, servicio o idea. Luego propone continuar con el «Cómo», es decir, cómo se ofrece ese producto, servicio o idea, para acabar con el «Qué», centrado ya sí, en qué es lo que se ofrece o propone.

Fíjate a partir de ahora cuando veas, leas o escuches mensajes, y medita sobre cuántos de estos mensajes siguen este orden, y si notas que unos te llegan mejor que otros, en función de esa variable.

Son múltiples las ventajas de usar este modelo mental, ya que empezar con el «Porqué», ayuda a crear una conexión emocional entre el emisor y el receptor. También permite crear una historia coherente y sólida, que contribuye a mejorar el desarrollo de una marca efectiva por parte del emisor. Favorece un alineamiento entre emisor y receptor en cuanto a misión y valores. Y finalmente, al emisor le permite establecer una dirección clara, lo que le ayuda a tomar decisiones estratégicas de manera más consciente y fundamentada.

Ahora entenderás mi obsesión con los porqués. Porque siempre debe ser lo primero.

Y por eso en estas fechas, si de verdad queremos aumentar nuestras posibilidades de éxito, es mejor planificar empezando con el porqué, y luego con los cómo, ya que es lo que le da sentido a las cosas. Y finalmente, ya definimos el qué.

Y algo fundamental, la credibilidad en todo ello. Creo que el gran problema de fondo en la actualidad a muchos niveles es la dramática ausencia de credibilidad en los porqués y en los cómo de quienes nos mandan los qué. Y es que, por mucho que alguien nos cuente un porqué, si sus acciones y prioridades no son coherentes con ese porqué, todo el castillo se viene abajo. Y esto, hoy lo vemos por todas partes, y así nos va.

Así que, al menos cuando planifiquemos para nosotros mismos, no nos autoengañemos.

Feliz 2026.